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¿QUÉ ES LA ESTHÉT¡CA OR¡G¡NAR¡A?
Para responder a esta pregunta hay que tener en cuenta que la Esthética Originaria apela, sobre todo, a una vivencia personal, a una vivencia intransferible e inefable. La Esthética Originaria es necesario vivirla, experienciarla, sentirla cada uno, ya que su axioma fundamental es ser quienes somos. La Esthética Originaria nos pide, como ya dijera el poeta Píndaro, llegar a ser el que eres.
Pero, es que, ¿acaso no somos quienes somos?
La Esthética cree que una cosa es la persona: lo que somos al fondo, y muy otra, el individuo: nuestros estados, lo que hacemos, lo que tenemos, lo que nos sucede. Ser per-sona< per-sonare ‘lo que suena incesantemente’ exige subordinar los estados, lo que hacemos y lo que tenemos a lo que somos. Requiere integrar nuestra identidad individual y nuestros sucesos perecederos en el proceso incesante de nuestra personalidad, para nuestra integridad.
La Esthética sospecha que todos nuestros problemas y anhelos provienen de este desquiciamiento de origen entre la persona y el individuo. El ser humano quiere ser en plenitud (bienser) pero se vuelca en la identidad del ego, en el quehacer, en el pensar, en las circunstancias, en lo efímero, en lo que produce más sed que gozo (bienestar) y no se deja ser: no se sumerge en la integridad del ser, que habita en su más profundo centro. En lo más íntimo, que es lo más universal y pleno.
¿Por qué esta vivencia ha llegado a denominarse Esthética Originaria?
Porque su fundador, el maestro Santiago Pérez Gago, ahondando en los fondos de sí mismo, permitiendo el flujo de sus revelaciones interiores, siempre sospechó que el arte era la profecía de la vida; que la esthética, en lo hondo, nos descubre, nos desvela, nos revela, la verdad de la vida (la beldad). El arte de vivir consiste en vivir esthéticamente.
Esthética viene del griego aisqanomai <aiw que significa ‘sentir por el oído, escuchar’. Los métodos más admitidos, sobre todo en el llamado occidente, para el descubrimiento de las verdades que siempre anheló el ser humano, han estado básicamente fundados en la vista: razón e intelecto. Frente a ellos, la Esthética propone la escucha: sentimiento e intuición. Hay una Luz Originaria, que es previa a los mecanismos de la razón. Esta luz originaria, a diferencia de la luz de la razón, es Luz que ve. Sólo dejándonos ver a esa luz se nos revela la profunda realidad del ser.
El ser originario, pleno e incesante es invisible por los métodos racionales, que son de otra entidad. Son di-gi-ta-les, in-ter-mi-ten-tes, ajenos a la naturaleza incesante del ser. Son, como diría Machado, redes que el mar escupe enjutas y vacías. Un ser originario que es invisible, no porque no lo veamos, sino porque es él quien nos ve. Y, al ser vistos –sólo, al ser, vistos-, somos.
Cómo lograr esta plenitud requiere iniciarse en esta vivencia que es la Esthética Originaria. Vivencia que puede ser una entre tantas, pero que a quienes suscribimos nos viene ayudando desde hace tiempo. A ello te invitamos a través de esta página, a través de este método parcial de comunicación, que no sabemos a quién puede llegar. Lo que sí sabemos es que estamos abiertos y disponibles a vuestras inquietudes.

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